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lunes, 4 de agosto de 2014

1351 - PILAR RAHOLA SOBRE LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA


JUDÍOS DE SEIS BRAZOS

Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad?

Por PILAR RAHOLA


Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme. Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “todos ustedes se creen expertos en política internacional, cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada. ¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?”. No. Son juristas, su terreno no es la geopolítica. Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porque Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina los cerebros del mundo. Y, porque forma parte de lo políticamente correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra Israel. Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades. Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.

La primera pregunta, pues, es por qué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota. El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas; no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo. El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué?

Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo, es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharon un monstruo? En definitiva, ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?

No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo.

Tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del antiisraelismo. Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno. Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel. Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse con sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros. Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mundo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca. El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el estado judío? Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico.

Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético.

Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad, allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro. A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de izquierdas, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierdas, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad. Como han hecho siempre. Así, los luchadores contra Pinochet, eran los luchadores de la libertad, pero las víctimas de Castro, son expulsados del paraíso de los héroes, y convertidos en agentes de la CIA, o en fascistas encubiertos. Recuerdo perfectamente como, de joven, en la Universidad combativa de la España de Franco, leer a Solzhenitsyn era un anatema… Y así, el hombre que alzaba el grito desde el agujero negro del Gulag estalinista, no podía ser leído por los luchadores antifranquistas, porqué ni existían las dictaduras de izquierdas, ni las victimas que las combatían.

Esa traición histórica a la libertad, se reproduce en el momento actual, con precisión matemática. También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra el Tzahal, pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los israelíes. Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres. Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel. Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: "¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿Por qué la izquierda, solo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, y las que han sufrido atentados más sangrantes, Estados Unidos e Israel?”… ¿Por qué la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas. Ya no defiende derechos, sino prejuicios. Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso. Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización. La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad.

Derrota del periodismo. Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado. Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos. Los periodistas actuales no necesitan mapas, porque tienen Google Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food. Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido. Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda. Cualquier mass media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confundamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: "nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo". O también en otra, más cínica de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”.

Derrota del pensamiento crítico. A todo ello, cabe sumar el relativismo ético que define el momento actual, y que se basa, no en la negación de los valores de la civilización, sino en su banalización. ¿Qué es la modernidad? Personalmente lo explico con este pequeño relato: si me perdiera en una isla desierta, y quisiera volver a fundar una sociedad democrática, solo necesitaría tres libros:

-Las Tablas de la Ley, que establecieron el primer código de la modernidad. El no matarás, no robarás,…” fundó la civilización moderna.

-El código penal romano.

-La Carta de Derechos Humanos.

Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos
avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quien sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quien se aplican, y por ello no preocupan millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa. La masa crítica social se ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido substituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueísmo.

Derrota de la ONU. Y con ella, una rotunda derrota de los organismos internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han convertido en muñecos rotos en manos de déspotas. La ONU solo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, o demagogos peligrosos como Hugo Chávez, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel. También contra Israel, la ONU vive mejor.

Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media…

Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam. Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

En la encrucijada de estas derrotas, se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad. Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los progroms rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico. Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre.

Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo. ¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio.

Dijo Benjamin Franklin: “donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Este es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y,

Defender siempre las patrias de la libertad.

Gracias.

Fuente: Caiv

FUENTE: UNIDOSXISRAEL-JUDÍOS

REFLEXIÓN:

Qué bueno que este texto fuera reenviado a todos nuestros contactos. Muchos se darían cuenta de cómo son utilizados para que inadvertidamente pongan su nombre y firma en innumerables comunicados y después se arrepienten. Una figura pública tiene mucha prensa, cuando se casa, divorcia o cuando toma una posición política sin tener una verdadera idea del revuelo que provoca.

El público que los sigue supone que porque son artistas famosos también son expertos en política, y no lo son ni tienen por qué serlo. Pilar expone su ignorancia cuando pregunta sobre otros conflictos de los que tampoco tienen idea.

Sin embargo, son responsables del efecto de las posiciones que toman ante el gran público que cree que, porque son buenos en lo suyo, son expertos en lo que atañe a otros, en este caso a una guerra que Israel no desea pero que no tiene más remedio que librar si quiere sobrevivir.

Da pena ver como gente inteligente pero muy ignorante opina sobre la situación de Medio Oriente como si supiera y es manipulada por los que sí saben.

Para tener una idea de cómo es el enemigo al que Israel tiene que enfrentar, miren este video, si tienen coraje, y pregúntense si ustedes no combatirían contra ellos con la misma convicción con que Israel manda a sus jóvenes a arriesgar su vida para que no puedan seguir creciendo. Si lo permitieran. la única democracia de Medio Oriente no sobreviviría.

Hay que saber antes de opinar o después vienen los lamentos.

ANA

En este video, combatientes del ISIS en Siria, ejecuta a los que se le oponen. Uno los ve, gente joven, saludable, que sabe que va a morir y no puede hacer nada para evitar ese destino. Lo peor es que si la situación se invirtiera ellos harían lo mismo. No apto para gente sensible, quizá la misma que no se priva de mirar a los chicos de Gaza, a quienes la gente de Hamas expone en las terrazas de los edificios desde donde lanzan bombas contra Israel. Eso sí lo miran y se lamentan. Yo me pegunto si hay tanta diferencia entre lo que hacen los árabes en Siria contra otros árabes, y lo que hace Hamas contra, también, su propia gente, imperdonablemente con sus civiles, incluidos niños.

VIDEO:
1500 JÓVENES EJECUTADOS EN SIRIA

Si no lo pueden abrir, mírenlo en esta página 

ISRAEL ADVIERTE  PERO LA GENTE SE UBICA EN LAS TERRAZAS, OBLIGADAS.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

1096 - PREGUNTA QUE TIENE RESPUESTA


¿POR QUÉ MUEREN MÁS PALESTINOS QUE ISRAELÍES?

El mejor argumento de los palestinos de Gaza contra Israel es la mayor cantidad de víctimas comparando con las que sufre el Estado de Israel.

Muestran fotos o videos de niños heridos o muertos como pruebas de la crueldad israelí. No siempre son verdaderas, ya son conocidas sus tácticas de mostrar "muertos" que caminan luego de caerse de camillas a modo de féretros, con el consiguiente espanto de la gente que acompañaba al supuesto muerto. Se han comprobado que muchas son fotos trucadas, en estos días están mostrando fotos de niños asesinados en Siria como si fueran víctimas de Gaza. Esta es la razón por la que se llama Pallywood al exitoso armado de propaganda para incriminar a Israel de supuestos asesinatos de niños.

Esto ya fue comprobado y es conocido por quienes están más informados, me interesa más explicar por qué, en la realidad, hay más muertos palestinos que israelíes. No voy a publicar nuevamente los videos que demuestran lo que digo en el párrafo anterior, que ya fueron subidos en este blog, y que se han visto en muchos otros. Prefiero explicar lo que es cierto y no dedicarme a explicar, otra vez, lo que es mentira y propaganda mediática.

La respuesta a la pregunta del título es simple, Israel cuida a su gente y Hamás expone abiertamente a la suya, la sacrifica en aras de tener a un mundo de su lado que clame por su defensa e impida que Israel lo aniquile como movimiento terrorista que nació para eliminar a Israel. Esto es Hamás y no otra cosa, no es un gobierno normal que administra los bienes para mejorar las condiciones de vida de sus mandantes, su "administración" se dedica a acumular cohetes y misiles para la guerra que le impone a Israel.

NO ES ISRAEL QUIEN DISPARA PRIMERO, ISRAEL RECIBE MILES DE MISILES SOBRE SU TERRITORIO SIN RAZÓN ALGUNA, MÁS QUE SER EL ENEMIGO QUE HAMÁS ELIGIÓ CUANDO SE CONSTITUYÓ COMO MOVIMIENTO TERRORISTA PARA DESTRUIRLO.

Los musulmanes se toman todo el tiempo necesario hasta llegar al poder, lo hizo Hamás en elecciones democráticas para luego hacer un golpe de estado e imponer la Sharía, la ley islámica. Tuvo todo el apoyo de Occidente, como si no supieran en que terminaría una elección en la cultura árabe. Ocurrió lo mismo en Egipto, tal como lo relata Julián Schvindlerman en este artículo. Es interesante ver que el final siempre es el mismo, no hay laicismo que pueda sobrevivir cuando el poder está en manos de un movimiento musulmán, islam para todos, cualquiera sea su religión. Leer este artículo sirve para entender qué pasa en Egipto y también en Gaza, porque son la misma cosa.

Occidente cree que la democracia se puede difundir en países árabes, y así apoya la toma del poder de movimientos que son elegidos por quienes creen que cuando los islamistas estén en el gobierno serán más libres y caen en una dictadura aún más dura.

Entonces, lo que pasa en Gaza no debería ser una novedad, lo explica claramente Pilar Rahola en este artículo, y Julián Schvindlerman denuncia la invisibilidad de los cohetes que se disparan desde Gaza en el suyo. Vale leerlos para tener una opinión realista y no dejarse engañar por los titulares de los diarios que son realmente escandalosos. Nunca dicen que Israel replica los misilazos de Hamás, dicen "Israel atacó Gaza" en el titular, aunque en la letra chica, como en los contratos tramposos, se aclare la verdad. Nadie la lee y se quedan con los titulares.

Hamás pide que se levante el bloqueo como condición para un cese del fuego, Simplifiquemos ¿abriría usted la puerta de su casa para que entren sus asesinos? Porque eso es Hamás, son terroristas, como hoy día la Comunidad Internacional lo ha finalmente reconocido.

El mejor argumento que he leído para incriminar a Israel sobre las guerras de Israel-Hamás es decir, cuando los muertos son en una proporción de 10 a 1, que hay una gran disparidad de fuerzas, entonces no puede ser una guerra sino una matanza. No se puede ser más exitoso para poner a la gente contra Israel, que porque son más fuertes militarmente matan más y mejor. Y es un engaño. Israel es, efectivamente mucho, muchísimo más muerte, pero es como decir que porque Estados Unidos es muchísimo más fuerte, significa que sale a matar gente a diestra y siniestra, ser más fuerte no significa usar toda esa fuerza. Si así fuera, no habría guerra en Afganistán o Irak o, en el tema que nos ocupa, entre Hamás e Israel.

Mueren menos israelíes porque el Estado los prepara para que se protejan de los miles de misiles que disparan sobre la población civil, los entrena y, aunque tienen una vida cotidiana que ningún otro país soportaría sin hacer un escarmiento, no puede actuar porque sólo él tiene un enemigo que cuando tiene bajas propias las usa como propaganda porque tiene a la opinión pública proclive a culpar a Israel.

Hasta que se decide a contraatacar, Israel gasta enormes sumas de dinero en proteger a su gente, hasta lograron poner en funcionamiento el SISTEMA ANTIMISIL ISRAELÍ DOMO DE HIERRO O IRON DOME SHIELD, que minimiza el efecto de los misiles, destruyéndolos en el aire si van a caer en zonas pobladas.



Que les maten a su gente no es un problema para estos fanáticos, ellos preparan mártires desde el jardín de infantes, Israel prepara a su gente para que se salve.

Cuando Israel ataca, los jefes y sus secuaces se esconden en los numerosos túneles construidos para pasar armamento y para su refugio, los civiles gazatíes quedan expuestos al bombardeo israelí sobre las casas desde donde partieron los disparos. Y con esos cuerpos sin vida recrean Pallywood, los usan. Ahora tampoco permiten la salida de periodistas extranjeros, quieren tener más víctimas para mostrar al mundo. ¿Se puede ser más miserable? Miren esta foto -que no quiero poner en mi blog, prefiero olvidarla- son acusados de colaborar con Israel, y los pasean en modernas motos para amedrentar a la población. La modernidad en manos de salvajes.

Israel les avisa con llamadas por celulares y panfletos, para que se alejen de sus casas, porque hasta en eso estos fanáticos son inmisericordes, disparan desde las casas de civiles para impedir que Israel los bombardee inmediatamente, es el tiempo que se toman para huir y dejar al resto de la gente como corderos indefensos, a la intemperie cuando sus casas son bombardeadas y con ellas los depósitos de armas de Hamás que están debajo de los hogares de civiles, lo quieran estos o no.

SI NO HAY MÁS MUERTOS NO ES PORQUE HAMÁS LOS PROTEJA, ES PORQUE LOS PROTEGE ISRAEL. Más, los ayuda con comida y medicamentos en plena guerra. Cualquiera querría tener un enemigo así...



Entonces no debe sorprendernos que haya más muertos gazatíes que israelíes, a pesar de que el objetivo de Hamás son los civiles israelíes, A PROPÓSITO, o lo que haya a tiro. Siempre habrá más víctimas del lado de Gaza, no por lo que Israel hace SINO POR LO QUE HAMÁS NO HACE, que es protegerlos.

Pero obviamente, muertos son muertos en cualquier lugar del mundo y nadie puede mantenerse al margen, excepto en Siria, claro, donde Assad masacra a su propia gente y los rebeldes matan a quien logren atrapar en esa guerra civil que ya lleva casi dos años y más de 30.000 víctimas, hasta niños y mujeres, lo que encuentren a mano, pero nadie hace demasiado para detener esa matanza. El mundo entero se va en palabras, pero no pueden decir que los judíos masacran en Siria, se matan entre ellos y todos en paz.

Hay una diferencia notable, siempre hay una buena excusa para decir algo malo de los judíos. El antisemitismo que anida en el imaginario colectivo europeo -y en buena parte del mundo- aparece en cuanto hay alguna razón que se muestre aunque sea muy mentirosa, nadie va a investigar y preguntarse si es cierto y por qué hay más muertos palestinos que israelíes. Se quedan con los números y es suficiente para dar rienda suelta a sus prejuicios.

Israel no puede encontrar la forma de eliminar a su enemigo confeso, que sería bueno para los israelíes y también para los gazatíes, al fin tiene que atacar y destruir sus depósitos de armas todo lo posible hasta la próxima vez, cuando todo recomenzará. Nadie está en esta situación en Occidente. Porque Israel no se decide, todavía, a arrasar con todos los enemigos terroristas y sus depósitos de armas como lo han hecho otros y a nadie se le mueve un pelo. Se conforma con ceses del fuego hasta la próxima andanada.

Rusia hizo en Chechenia lo que no puede hacer Israel en Gaza y no se oye hablar de lo que pasó, ni de lo que pasó en Camboya, ni de lo que pasa ahora en Corea del Norte. Ellos matan sin pudor y nadie los expulsa de la comunidad Internacional.

¿Por qué será que sobre Israel opinan todos y mal? Es una pregunta que muchos no se atreverían a contestarse ni a sí mismos, se avergonzarían ante su propia conciencia...

ANA


VIDEO: CARTA ABIERTA AL MUNDO

El resultado de todo lo dicho...

martes, 14 de junio de 2011

860 - RAHOLA - ÁRABES PALESTINOS: MORIR MATANDO


EL PADRE DEL ASESINO

Por PILAR RAHOLA

Una sociedad que, en las escuelas de los niños, no cuelga el póster de Harry Potter, sino la cara alegre de un pobre Sami Salim que no llegó a los 18 años porqué le educaron para matarse y matar, es una sociedad agónica y autodestructiva.


Mi hijo ya ha cumplido los catorce. Como muchos preadolescentes, no tiene ni idea de lo que quiere ser de mayor, pero nosotros, sus padres, sí que lo sabemos: queremos que sea feliz. Después ya llegarán las complicaciones, las dificultades para acometer los hitos más lejanos, los más altos sueños… Y allí estaremos, allí, en la cima de sus éxitos y en el vacío de sus caídas, porque eso somos, una sólida red de protección que nace del amor que nos tenemos, de la complicidad que sabemos tejer. Somos una familia, y ello es exactamente una familia cuando se ama: una espesa red de sentimientos, ayudas y emociones.

Sea como fuere, lo cierto es que, cuando pensamos en el futuro de nuestros hijos, no hay nada que nos cause más dolor que intuir los problemas que padecerán, las desgracias que, quizás, vivirán, los desengaños. ¿Puede existir un padre y una madre, en un contexto de vida y de amor, que quiera alguna maldad para su hijo? No lo sé. No sé como son los padres de Sami Salim Mohamed. Quiero creer que son padres palestinos normales, protectores y amantes de sus hijos. Si es así, hoy deben estar llorando la muerte de Sami, a escondidas, porqué la locura integrista islámica exige que los padres expresen alegría por el suicidio de un hijo en un atentado terrorista, considerado un mártir y no un asesino.

Sami Salim tenía 17 años, la edad de empezar a enamorarse, de creer que el mundo es un espacio habitable, lleno de horizontes por descubrir, de paraísos por conquistar. 17 años, la edad de los sueños, la de los mitos del fútbol y el deporte, la edad en que todas las chicas son pura poesía.

Pero Sami Salim Mohamed no fue educado para la vida, sino para la muerte, no lo fue para la convivencia y el amor, sino para el odio, y así, alimentado por una sociedad enferma que cree que enviar a sus jóvenes a la muerte es voluntad divina, inició, un día terrible, el camino de Tel Aviv. En el puestecito de comida rápida Falafel Rosh Ha´ir, allí donde podía encontrar a muchos jóvenes como él para asesinar, se explotó la bomba que llevaba adosada al cuerpo.

Previamente, en un video propagandístico para uso de más anulaciones de cerebro, ese chico de 17 años expresaba su alegría por el paso hacia la muerte que estaba a punto de hacer. Aún sabía poco sobre la vida, pero ya creía saberlo todo sobre la muerte. Y en su tribuno, se llevó la vida de nueve personas más y decenas de heridos.

Nueve personas asesinadas, nueve, con sus ilusiones destruidas, sus proyectos truncados, quizás un médico, quizás un chico que acababa de declararse a su chica, quizás una maestra, quizás... nueve historias de vida y de amor truncadas de cuajo.

¿Es Sami Salim un asesino? Creo, más bien, que es el instrumento demoníaco de una ideología asesina que desprecia a la vida de tal forma, que empieza despreciando la vida de los propios hijos.

“Lo que más odio no es que nos matéis a nuestros niños, sino que nos obliguéis a matar a los vuestros”. Décadas después del grito doliente de Golda Meier, poco ha cambiado. Palestina tiene, sin duda alguna, muchos problemas. Pero hay uno que los condiciona todos, que los contamina hasta la medula, hasta la destrucción, hasta la pura nada: es, hoy por hoy, una sociedad profundamente enferma, liderada por fanáticos fundamentalistas que consideran que la vida de sus hijos es carne de bomba, clavos y muerte, y que morir es mejor que vivir.

Una sociedad que, en las escuelas de los niños, no cuelga el póster de Harry Potter sino la cara alegre de un pobre Sami Salim que no llegó a los 18 años porqué le educaron para matarse y matar, es una sociedad agónica y autodestructiva. Puede que tenga un presente caótico y complejo. Pero, liderada por el nihilismo integrista, lo más trágico, lo más terrible, es que no tiene futuro posible.

FUENTE: Pilar Rahola-Revista El Temps-19/04/2006

COMENTARIO:
 
Creo que este muchachito de ojos tristes tendría hoy 22 años y habría conocido mucho de la vida, lo que le fue negado por haber nacido en una sociedad donde quienes deben morir son los jóvenes. Rara vez un suicida que se estalla es un hombre mayor, esos son los que los entrenan desde el jardín de infantes para ser mártires y les prometen lo que ellos querrán conocer muchos años después.

Esto sólo debería ser suficiente para llamar la atención de los que son educados de esa forma, de sus padres, de los que son responsables de su futuro. Sin embargo, es muy difícil para ellos darse cuenta que la vida es un regalo para la más maravillosa de las tareas, ser capaz de superar los desafíos y hacer de su vida una aventura individual y única. El ser humano tiene ante sí muchos obstáculos y hacer la diferencia nos llena de satisfacción. Pero no de esta manera, morir matando.

Lo más trágico es que se festeje, que se enseñe que ese es el camino de esos niños que repiten consignas, que crecen con ellas y que les dan sentido a su vida y que, al obedecer el mandato, destruyen otras que tenían objetivos diferentes, que amaban y eran amados.

Las consecuencias más terribles de esta educación en los jóvenes, aún de criaturas incapaces de pensar y resistirse, es que para quienes deben defenderse de estos actos, ya no miran a un niño o joven como normalmente deberían hacerlo, saben que cualquiera de ellos puede ser un arma dispuesta a matar. Deben sospechar de ellos, ya no pueden actuar como si esta realidad no existiera.

Creo que esto es lo peor que ha pasado en la región, temer a un niño en lugar de recibirlo como la más fiel representación de la inocencia.

ANA

jueves, 2 de junio de 2011

850 - PILAR RAHOLA SOBRE LA IZQUIERDA LUNÁTICA


¿QUO VADIS, UNIVERSIDAD?

Por PILAR RAHOLA

Hablo del pensamiento inverso, de la izquierda lunática, de esa izquierda que algún día tendrá que dar explicaciones a la historia por haber traicionado los valores de la libertad.


¿Qué les ocurre a nuestras Universidades? ¿Aún son el templo de la inteligencia, o se han convertido en un conspicuo reducto de la imbecilidad ilustrada? Y perdonen el supuesto oxímoron de estos dos substantivos, pero sabemos desde que el mundo es mundo que tener un título universitario y haber leído cuatro libros, no significa tener una cabeza bien amueblada. Muy al contrario, la historia está llena de grandes letrados que han construido edificios intelectuales que se caían con el movimiento de un simple naipe.

Este no es un artículo de historia, pero si hacemos un breve repaso de algunos grandes nombres, cuya categoría intelectual no les impidió tener una baja categoría ideológica (e incluso moral), la lista da miedo. Premios Nobel que han defendido a brutales dictadores de izquierdas, líderes de opinión que hace dos días daban la mano a Gadaffi, líderes sociales que se paseaban por Irán como si fuera el paraíso de la libertad, y por el camino de la confusión de conceptos, intelectuales, periodistas, escritores, políticos y el tutti quantti de la izquierda más ruidosa aplaudiendo las locuras de Chávez. Muchos de ellos, gentes de universidad, cuyas lecturas no han sido aprovechadas para la claridad del pensamiento.

¿Qué le ocurre a la izquierda? Y, por ende, ¿qué le ocurre a esa izquierda enquistada en los púlpitos universitarios, convertida en gurú de ideas caducas, cuyo romanticismo revolucionario es tan kitsch como irresponsable?

Profesores, catedráticos, líderes estudiantiles contaminan cerebros juveniles ávidos de ideas románticas. Por supuesto que la Universidad debe ser el territorio natural del pensamiento crítico. Y por supuesto que debe caminar vis a vis con las ideas de progreso. Pero no hablo de pensamiento crítico, ni de progreso. Muy al contrario, hablo de lobos dogmáticos que venden ideas reaccionarias, disfrazados de corderos progresistas. Hablo del pensamiento inverso, de la izquierda lunática, de esa izquierda que algún día tendrá que dar explicaciones a la historia por haber traicionado los valores de la libertad.

El artículo parte, por supuesto, del último ejemplo de esta inversión de valores: el premio que la Universidad de la Plata ha otorgado recientemente a Hugo Chávez. Según el veredicto, premian a Chávez por su defensa a favor de la libertad de expresión, y ante la noticia, una no sabe si se trata de una broma al estilo de las que gastaba Orson Welles con la invasión de los marcianos, si se tomaron unas copas y el veredicto fue al final de la fiesta o si les gusta tomar el pelo al personal porque se aburren en las aulas. ¡Premio libertad de expresión a este autarca que ha cerrado medios de comunicación, persigue a disidentes, a opositores y a periodistas, que ha pervertido las reglas de juego democráticas y que aspira a ser el pequeño Napoleón de
Latinoamérica! ¿Cómo se puede traicionar tan alegremente la definición básica de la palabra "libertad"?

Se puede, y ahí está la Universidad de la Plata para demostrarlo. Sugiero, para continuar la broma, que el año próximo le den el mismo premio a Mahmoud Ahmadinejad. Es un buen amigo de Chávez.

La cuestión, sin embargo, deja de ser una broma cuando la alucinante anécdota de este premio se convierte en la categoría de una forma de hacer y pensar que, en nombre de las libertades, el progresismo y la revolución, esconde un gran edificio de pensamiento totalitario. Seamos claros. La extrema izquierda es a la libertad lo mismo que la extrema derecha: su enemigo. Y la diferencia entre militar en un grupo de skin heads con el cerebro lleno de vacuidad intolerante, y hacerlo en un grupo de extrema izquierda lleno de dogmas de fe que justifican atrocidades, abusos y dictaduras, es la misma diferencia que hay entre una manzana y una poma, que en mi lengua, el catalán, significa una manzana: es decir, ninguna.

Quizás hay que empezar a hablar claro. Ni todos los que hablan de libertad, aman la libertad, ni todos los que se erigen en líderes sociales presentan valores éticos, ni todos los políticos que aseguran defender al pueblo, son de fiar.

 
A diferencia de la derecha, que es estigmatizada cuando pisa los territorios perversos del extremismo y se convierte en un monstruo, la izquierda goza de mucha más impunidad y atraviesa y pisotea esa delicada frontera de valores sin que nadie la envíe al infierno. Aún hoy los grandes dictadores de izquierdas son venerados en los pósters de nuestros jóvenes gracias al buen hacer de los caducos revolucionarios de antaño. Cuyas barbaridades, por cierto, sembraron de cadáveres las tierras del mundo. ¿O solo mataron los Pinochet y los Videla? ¿O no mataron los Castro y los Stalin? ¿O eran héroes los tipos que tomaban una pistola, se paseaban por una calle de Buenos Aires y disparaban al primer pobre policía que encontraban, quizás un joven emigrante de tierras pobres, con un sueldo de nada y un miedo de todo, y lo mataban en nombre de su causa impuesta a fuego?

Perdonen la insolencia pero entre un dictador y un terrorista no encuentro otra diferencia que la que propia de las dos caras de la moneda. Eso lo aprendimos hace tiempo en España, con ETA. Pero decirlo en Argentina es extraño, porque ustedes aún no han hecho los deberes con la memoria trágica del terrorismo. Solo lloran a un lado de las víctimas. Las otras, desgraciadamente, son ninguneadas, despreciadas y olvidadas. Como si aquellos que tomaron pistolas, mataron personas y querían imponer una dictadura comunista, fueran libertadores. Como si las víctimas fueran culpables de su asesinato. ¡Qué inversión de valores, asesinar impunemente en nombre de la libertad de los pueblos!

De eso hablamos, de eso, de una civilización basada en la Carta de Derechos Humanos y que si ha sido violentada y pisoteada en nombre del fascismo, también lo ha sido en nombre de la izquierda reaccionaria. De ahí que el premio de la Universidad de la Plata sea más trágico que cómico. Y no porque no provoque una hilaridad cósmica, sino porque es la punta del iceberg del pensamiento inverso. Ese que dice defender el progreso, y avala a los peores reaccionarios de izquierdas. Ese que dice defender la opinión libre, y premia a los que imponen dogmas, consignas y pensamiento único. Ese que dice amar la libertad, y la traiciona con diurnidad y alevosía. ¿Quo vadis, Universidad? Hacia dónde va no lo sé, pero desde luego a menudo no circula ni por los caminos del compromiso moral, ni por los senderos de la inteligencia.

Pilar Rahola, la autora recibió el premio Derechos Humanos, 2011, de UN Watch.



La Nación, Buenos Aires (13/04/11)

COMENTARIO:

Una voz como la de Pilar Rahola se hace oír, ella puede demostrar con su inteligencia y ejemplo qué es ser de izquierda, algo que no es lo que vemos nítidamente hoy día. Lo mismo que en el pasado, que tampoco era claro ver qué es lo que se proclamaba como izquierda a causa de sus ocultamientos, permisividades y posiciones que no se correspondían con ella, pero hoy es mucho más evidente, como lo que esta mujer excepcional denuncia.

Porque Pilar Rahola es de izquierda y defiende esos valores que la izquierda lunática ha desvirtuado sosteniendo y defendiendo a quienes precisamente practican lo que la deslegitima, con un populismo que se disfraza en sus declaraciones y se delata en sus actos.

Precisar con veracidad sus fallas es rescatar esos valores distorsionados y es un acto de valentía intelectual, lo que significa ubicarse en esa tierra del nunca jamás, donde se está solo, casi en un lugar fantástico donde no hay seguridad sobre quien la acompaña y defiende o quien la abandona y ataca. La verdad y la justicia difícilmente están de un solo lado.

Estos seres especiales suelen estar acompañados por la soledad; pero ella logra lo que pocos, ser comprendida y admirada por el gran público, y las causas que apoya son reconsideradas por una mayoría desinformada que atentamente la escucha y modifica sus opiniones y prejuicios.

ANA

domingo, 22 de mayo de 2011

838 - PILAR RAHOLA - LAS TRES CULPAS (2004)

 
DISCURSO DISTINCIÓN JAVER OLAM (CHILE)


Esta mañana, paseando por la Plaza de Armas de Santiago, nos hemos entretenido en unas tiendecitas que venden libros. Era un día soleado, bonito, bello. Había sol, luz, había libros, había gente.
 
Diría que era uno de aquellos momentos en que uno tiene el alma tranquila. Y de golpe, me ha llamado la atención un libro de Mafalda, pues yo soy de esa generación.
 
Pero a su lado, he visto el libro secreto de Hitler. Y no me he callado. He mirado al librero y le he dicho: ¡qué hace ese libro aquí! Y los tres hombres que había en la librería me han mirado con cara de sorpresa, preguntándose por qué esta loca española los estaba increpando. Y les he dicho: ¿no saben ustedes que ese loco ha matado a millones de personas, no les da vergüenza vender este libro?
 
La verdad es que ya no había sol, ni paseo, ni Mafalda. Sólo el horror de pensar que hoy, paseando por la Plaza de Armas, alguien tenía un libro de Hitler delante de mis ojos y no pasaba nada.
 
¿Por qué estoy aquí esta noche?
 
Primero porque ustedes han cometido un exceso conmigo, el cual agradezco. Estoy excesivamente emocionada.
 
Pero estoy también aquí porque un día mi padre, en mi comedor feliz, de mi infancia feliz, comiendo tranquilamente me dijo: ¿Sabes que eres judía? Y yo sabía que no era judía. Sabía que en mi familia nadie era judío e incluso no conocía ningún judío. Así es que le dije no. Y él me dijo sí.
 
Toda persona buena, toda persona digna, toda persona que tenga memoria, valentía y honor, sin duda si ha nacido en Europa, es judía, porque sólo siendo judío uno puede entender lo que significa el dolor de ser judío. Creo que nunca he olvidado esas palabras y creo que tiene algo que ver con ese comedor de mi casa el que hoy, ante ese librero, me haya indignado y le haya increpado.
 
Mi padre, mi familia, mi gente, me enseñó a conocer mi alma judía.
 
Porque nadie en el mundo que haya nacido en Europa, haya luchado por la libertad, haya amado las ideas, puede decir que no es judío. La mejor Europa es judía. Y sólo la peor Europa es la que negó su alma judía. Y no sólo la negó, sino que terminó matándola. Lo que queda hoy de Europa es el naufragio de su propia miseria y de su propio horror.
 
Yo tengo que empezar esta conferencia pidiendo perdón. Y tengo que pedir perdón tres veces. Vengo de una familia católica y, además, mis padres viven intensamente su espiritualidad. Pero también vengo de una tradición que durante dos mil años señaló al pueblo judío como el pueblo que debía ser odiado, despreciado, ignorado, perseguido. Y aprendí amar a D'os y amando a D'os aprendí a odiar al otro. Y mi D'os era bueno y malo a la vez. Era fuente de inspiración y a la vez fuente de intolerancia. De manera que yo desde pequeña aprendí a amar un D'os que no merecía ser amado. Y hasta que no descubrí que D'os estaba mucho más allá del odio que me habían enseñado, no lo pude recuperar. De manera que perdón, en nombre de la tradición cristiana y católica, que creó esa dosis enorme de intolerancia que después nos llevó a la solución final, a los Auschwitz que hubo. Porque Auschwitz fue la estación final de muchas cosas, pero fundamentalmente de una tradición religiosa que en nombre de D'os creó la base de la intolerancia.
 
También perdón, porque yo vengo de Sefarad y si hay aquí sefardíes comprenderán perfectamente de lo que hablo. Sefarad, la mítica Sefarad, la tierra que vivió el sueño de la tolerancia, de la democracia y de la convivencia, tuvo en su época más brillante una hecho como fue la firma de un edicto, un 9 de Av, el cual acabó con un sueño.
 
En España, como en Europa, practicamos una sana y magnífica mala memoria. Y vengo de Europa. Qué puedo explicarles a ustedes, los sobrevivientes. Sólo que ustedes forman parte de lo mejor de Europa, y su muerte de lo peor. Que formaron parte de las vidas que construyeron la modernidad, los derechos humanos, el pensamiento que nos podía hacer libres. Todo lo que somos de buenos y bellos, tiene que ver con el alma judía. Y todo lo que tiene que ver con el horror tiene que ver con la distorsión del alma judía. Sin embargo, tengo que decir que, a diferencia del pueblo germano, Europa no ha hecho los deberes con la memoria de la Shoá. Ha preferido militar en lo que Glucksman llama "esos agujeros negros tan bien puestos en la memoria". En Francia nunca hubo Vichy, en Austria no hubo nada, en Italia ¿alguien recuerda?, España no estaba, Holanda....
 
Y así fue pasando el tiempo y, a pesar de que sabíamos que había sido muy terrible, fuimos militando en una cómoda y perfectamente construida desmemoria. De la desmemoria de entonces, vienen hoy las criminalizaciones al Estado de Israel, la minimización de la Shoá, la ignominia profunda de lanzar a los descendientes de la Shoá que viven en Israel la acusación de genocidas y nazis. Cuántos humores gráficos he tenido que comerme en mi país viendo a un mandatario de un país democrático convertido en un nazi. No he visto, sin embargo, ningún chiste de algún sanguinario de la humanidad convertido en nazi. ¿Han visto a un Idi Amin en alguna caricatura? Pero a la primera lanzamos la Shoá contra la cabeza de Israel. No me siento nada orgullosa de formar parte de la intelectualidad europea, con personas como José Saramago, que puede que escriba como los ángeles, pero piensa mal. Por eso, les pido perdón como europea.
 
Tengo que decirles que los tiempos no son especialmente buenos. Me gustaría darles buenas noticias; sin embargo, la verdad es que no puedo hacerlo. Por ejemplo, ayer murió un hombre, su nombre era Kfir, era israelí. Ustedes no lo han visto en los informativos, porque éstos estaban llenos de noticias de un hombre llamado Rantisi, de su muerte, de lo que significaba.
 
Pero hoy quiero recordar a Kfir, porque a él no lo va a recordar nadie. Y quiero acordarme de una niña de 11 años, de los niños de murieron en un bar mitzvá, de los que murieron celebrando Pésaj, o sea, de los tantos que mató o mandó a matar Rantisi.
 
A pesar que en la prensa de Europa, en la prensa de mi país, no existe ninguno de estos niños israelíes, que mueren porque son judíos. A pesar de ello y a pesar de que sólo existe la muerte cuando muere un Rantisi, hoy aquí, precisamente por la memoria que hoy recordamos, quiero homenajear a Kfir, que murió ayer, con 30 años, por ser judío y por luchar por vivir en un Estado con paz y seguridad, y por estar en ese Estado porque Europa echó a todos los ciudadanos judíos de su territorio, obligándolos a buscar el amparo de Naciones Unidas.
 
Como dice la frase:
 
"Primero nos dijeron, no podéis vivir como judíos entre nosotros.
Después nos dijeron, no podéis vivir entre nosotros.
Y al final dijeron, no podéis vivir".
 
Pero aún están aquí. Por qué son malos tiempos. En una comida me preguntaron si pensaba que estábamos en momentos previos a la recreación del nazismo.
 
¡Qué responsabilidad en la respuesta! Pues me atrevo a decir que sí. No porque se repita la historia, pues la historia nunca se repite. Me atrevo a decir que hoy militamos en el síndrome de Chamberlain, sin asumir ninguna responsabilidad. Militamos en la desmemoria. Y desde la desmemoria viene el olvido, el recelo, renace el prejuicio y se consolida la intolerancia.
 
Hoy no nos enfrentamos al nazismo, a pesar del tipo de la Plaza de Armas que vendía el libro de Hitler. No. Hoy nos enfrentamos a una ideología totalitaria, que sustrae una religión, como en su tiempo se hizo con la mía, que utiliza un dios, -pobre D'os, en qué cosas lo ponen-, y que intenta a partir de ahí imponer un proceso totalitario en el mundo, que ya ha matado mucho, y que seguirá matando más, pues nos ha declarado la guerra. En el camino, y en primera línea, están ustedes. Los judíos son el termómetro de nuestra salud. Cuando el termómetro tiene fiebre, nuestra salud es mala. Hoy el mundo tiene fiebre. Y la fiebre tiene que ver con el fundamentalismo islámico. Esto tiene que ver con una logística económica, política y militar de miles de millones de dólares destinados, no a crear niños y ciudadanos libres, sino seres humanos alimentados en la intolerancia y el odio. Tenemos que conseguir liberar al mundo globalmente, y al mundo musulmán, de cuatro locos fanáticos perfectamente alimentados económicamente, que lo están secuestrando y en el camino fácilmente podrían decidir destruirlo.
 
Dice Glucksman: "El Islam, o consigue parar las locuras de sus milicias, los combatientes de D'os, o habrá llegado a su propio fin".
 
Hoy nos enfrentamos a esto. No nos equivoquemos. No es una guerra de religiones ni un choque de civilizaciones. Nuestro enemigo no es el otro. No es el que reza, come o viste distinto. Ese es nuestro compañero, nuestro javer. Nuestro enemigo es una ideología totalitaria, profundamente enriquecida, que se ha amparado en Estados miembros de la ONU, que ha matado mucho, y que nos ha lanzado un reto a la libertad.
 
Como decía mi padre, yo soy judía ante esto. Cualquier ciudadano con valores es judío ante un antisemita. Pero en Europa están haciendo la siesta, y en Chile, haciendo la siesta, si me permiten. En estos días no he visto ningún grado de preocupación por lo que está pasando: Que esto es lejos, que es Chile,... pero mataron a 1.200 kilómetros de aquí. La línea del fuego es el mundo.
 
¿Por qué ocurre lo que ocurre en Europa? Alguien me dijo por qué yo no me preocupo de las víctimas musulmanas que nadie menciona. No es cierto, le dije: me preocupa el millón de muertos que la guerra integrista ya lleva en Sudán. No he visto manifestaciones en Europa por estas víctimas, ni he visto ningún diario preocupado de esto.
 
Porque sólo se preocupan cuando están involucrados un Maguen David o las barras y la estrella. A nadie le preocupan los 20 mil muertos que mató Hafez el Asad, los 100.000 del integrismo argelino, las masacres de poblados cristianos en El Líbano, el septiembre negro de Hussein en Jordania.
 
Entonces, Europa está preocupada sólo de lo que hace el Gobierno de Israel. E Israel se levanta cada día pidiendo perdón por existir, pero yo no conozco a ningún país en el mundo que haga eso. Y el único país que cada día tiene que pedir perdón por defenderse es Israel. Y es cierto que a veces no nos gusta cómo se defiende. Yo sólo pido que haya una crítica y en paralelo, sobre las actuaciones terroristas y no sólo de lo que hace Israel. Y aquí hoy, que estamos conectados con la muerte y el dolor, se lo debemos a nuestros muertos y a nuestros sobrevivientes. Lo que nos está sucediendo tiene que ver con lo que a ustedes les mató y por el camino nos mató a todos. La muerte del alma humana. Cada niño educado para el odio en una escuela, es un trozo de la muerte del alma humana. Cada ciudadano que hace creer que D'os ama la muerte, es la muerte misma del alma humana. Y cuando esto se sustenta en los medios de comunicación democráticos, es un trozo de la muerte de la verdad.
 
Hoy, morir en AMIA, en Bali, en Kenia, en Turquía, en Nueva York, en Atocha, y por supuesto en Jerusalén, tiene que ver con el nihilismo, con el totalitarismo, con la negación de la humanidad, con la destrucción de la belleza y del alma humana.
 
Me decían antes que las personas que denunciamos estas cosas somos valientes. No es así, sólo somos responsables. Hoy el mundo tiene que asumir esta responsabilidad y tiene que vencer. Porque vamos a ganar.
 
Hoy quiero hacer una denuncia. Yo conozco muchos palestinos, padres y madres, que tienen pánico a que sus hijos sean fichados por estos locos fanáticos y los conviertan en bombas humanas. El terror socializa. Ellos no son mis enemigos. Hay muchos ciudadanos islámicos que tienen miedo y que dicen que lo que está pasando es una locura, pero callan. Y conozco intelectuales condenados a muerte, como Salman Rushdie, que dicen que eso es una paranoia y el islamismo paranoico nos lleva a la paranoia colectiva. Y como los conozco a todos ellos, puedo señalar directamente a los Estados del petrodólar que, o callan, o toleran, o pagan al terrorismo. En las zonas del mundo en que se enseña a amar la muerte, eso no se consigue en un día. ¿O creen ustedes que un suicida se prepara en pocos días? Hace falta mucha planificación, dinero, logística y socialización.
 
Como reza la famosa frase de Golda Meir: "Habrá la paz cuando los ciudadanos palestinos amen más a sus hijos de lo que odian a los judíos". Y yo, con cariño, agrego: Habrá paz el día que los que pagan esos campos de entrenamiento, esas escuelas, con parte de dinero europeo, territorios enteros donde se enseña a odiarlos a ustedes, sean detenidos.
 
Porque no es un choque de civilizaciones, porque no estamos en contra del Islam, porque estamos a favor del Islam, es que estamos en contra de aquellos, del financiamiento del odio. Es cierto que en la Shoá murieron personas no judías; sin embargo, el Holocausto fue una cosa y la Shoá otra. Toda locura humana conlleva la muerte y así murieron ciudadanos por ser gitanos, homosexuales, por pensar distinto, por estar en el lugar equivocado, por haber luchado contra Franco. Pero a ustedes les mataron como pueblo y esa es la diferencia.
 
La muerte es terrible, pero la Shoá fue la creación de una industria de exterminio. Por eso, lo que hoy recordamos es mucho más que una matanza, es la recuperación de los trocitos rotos del alma humana que dejamos en Auschwitz. Acabo diciéndoles que también pido perdón por formar parte del periodismo y la intelectualidad de izquierda, aquella que ha redescubierto el antisemitismo por la vía del antisionismo.
 
También les pido perdón por la elaboración de la información. Yo creo en la palabra, en la comunicación, en las ideas. Yo creo en la palabra, pero tengo que decir que la palabra también se usa para mentir. Y si la mentira de la Shoá se construyó a través de dos mil años de deicismo católico, se construyó con los Protocolos de los Sabios de Sión, con el judío internacional de Ford, se construyó con la propaganda de Goebbels. Y así se llegó a Auschwitz.
 
Hoy acuso que la prensa europea está creando los nuevos protocolos, que tienen que ver con la distorsión, la mentira, el prejuicio y la minimización. Yo les quiero pedir algo especial y se lo pido a los jóvenes. Ustedes tienen la gran responsabilidad de sentirse enormemente orgullosos de ser judíos, de sentirse parte de un pueblo que está en la base de lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad, pues todas las ideas de futuro tienen que ver con los judíos.
 
Ustedes encarnan los mejores valores de la Libertad.
 
Les pido a los jóvenes que no militen en el autoodio. Que cuando alguien les diga que son israelitas o hebreos, digan con orgullo que son parte de la comunidad judía. Úsenlo con orgullo, por obligación con la memoria, y por necesidad, pues el mundo necesita que la generación de judíos que se está formando en la tolerancia y en la libertad, construya los pilares. El mundo necesita judíos visibles, que estén ahí en su condición de judíos. No militen en el síndrome de ghetto. Salgan y sean chilenos, en su condición de judíos.
 
Hay una Santiago judía, que es chilena y es judía.
 
Y vuelvo a mi padre. Entendí lo que me decía. Yo no soy judía, pero sé que sin ustedes no estoy completa.
 
Shalom.

Discurso distinción Javer Olam. Iom Hashoa. Chile
 
COMENTARIO:
 
Esta brillante oradora nos libera de explicar de qué se trata la larga relación entre cristianos y judíos, ella lo dice todo y lo dice bien. Es una suerte que nos exprese a quienes no tenemos su voz ni su talento, ante los cuales lo mejor es callar y publicarla para que este discurso pueda ser leído y comprendido.
 
Y hacerlo propio, como lo hago yo.
 
ANA
 

lunes, 10 de enero de 2011

761 - RAHOLA - EL CLAMOROSO SILENCIO


LAPIDACIÓN POR FRASES

Por PILAR RAHOLA

Gritar a favor de una musulmana que puede ser asesinada por musulmanes no está en el guión.



Dicen que no la lapidarán, y el mundo suspira más tranquilo gracias a la suprema bondad de los supremos tiranos que gobiernan Irán. ¡Un gesto magnánimo!, recogen las agencias, y algunas cancillerías, que viven mejor negociando con la tiranía, se dan un respiro. Puede que la maten igualmente, después de montarle un juicio amañado, pero si no le tiran piedras y sólo la cuelgan, la cosa será más ordenada. ¿Su culpa? Ser mujer en un país gobernado por misóginos enfermos de fanatismo feudal. Pero ese no es nuestro tema. Y así Irán podrá continuar disparando contra estudiantes, asesinando a homosexuales, esclavizando a mujeres, riéndose del holocausto, amenazando con destruir a Israel y financiando terrorismo, y no pasa nada. De todas formas, y para alimento del optimismo, esta vez ha habido manifestaciones en algunos países. En algunos..., que no en España, país que concilia las manifestaciones más grandes de Europa cada vez que hay que vociferar contra Estados Unidos o contra Israel, pero que no oye ni ve cuando se trata de luchar contra las tiranías más temibles. ¿Será que en el planeta de la pancarta española los gritos contra las democracias sientan mejor que los que se dirigen contra las dictaduras? Será, porque ya sabemos que las únicas víctimas que preocupan en España son las palestinas o las saharauis. El resto vive en la agria indiferencia. ¡El silencio! El clamoroso, malvado, culpable silencio de nuestra izquierda más gritona ante tantas víctimas, tantas dictaduras, tanto dolor.

Pero el silencio más estridente respecto al calvario de Sakine Ashtiani es el de los propios musulmanes. En España, cuyas entidades islámicas reciben ayudas millonarias, y cuyos imanes han sido convertidos, por obra del buenismo multicultural, en interlocutores de la Administración, no ha habido ni una sola declaración contra la lapidación de esta mujer. Es curioso que en el país que se exige, para legalizar a un partido vasco, que condene la violencia etarra, se sea tan magnánimo con islámicos de toda ralea que ni condenan prácticas brutales en nombre de su religión, ni hacen ascos al dominio feudal de la mujer, ni se sienten incómodos con violencias en nombre de Alá. Deberían estar a la cabecera de las manifestaciones que no hemos hecho, a la primera palabra de las palabras que no hemos gritado, llevando la primera pancarta que no hemos llevado. Pero no. Sólo gritan cuando un danés hace un cómic, o un político patina verbalmente, o quieren cerrar una mezquita donde un imán extremista vende sus ideas fanáticas a centenares de personas. O, por supuesto, contra Israel. Pero gritar a favor de una víctima musulmana que puede ser asesinada por musulmanes, eso no está ni en el guión de la comedia. Al fin y al cabo han aprendido algo: que en España no se grita por las víctimas. Sólo se grita contra los demonios de la izquierda auténtica.

FUENTE:
PLURAL JAI-RAHOLA-LAPIDACIÓN-09/01/11

Publicado por David Salischiker

Fuente: Tu Meser - 05/01/2011 - La Vanguardia


COMENTARIO:

Pilar Rahola es un modelo para aprender cómo hacerse escuchar, por suerte su idioma nos ayuda a divulgar sus palabras en el mundo de habla hispana, las que se necesitan para ayudarnos a entender la realidad que se nos oculta. Y no emplea muchas, en pocas líneas nos da un panorama completo de una Europa, quizá con España a la cabeza, que está cavando la fosa para su propia cultura, esa que hizo grande al occidente que hemos dejado de valorar y defender.

Su voz vale por muchas que silencian las acciones más perversas, el desprecio por la vida, por los derechos de cada individuo que deben prevalecer en sociedades modernas. Cuando en occidente se trata de abolir la pena de muerte como un resabio de costumbres superadas, Irán tiene el raro privilegio de ser el segundo país que más ejecuciones ha realizado en el 2009 después de China. Las causas pueden ser conductas aceptadas por una sociedad moderna como la homosexualidad, la barbarie en pleno siglo XXI. Ver a jóvenes, adolescentes, colgados de grúas que en lugar de ser usadas para la construcción sirven para destruir el futuro de un país, que son sus jóvenes, estremece el corazón, ellos podrían ser nuestros hijos. O mujeres indefensas con delitos inventados, asesinadas por una sociedad que emplea estos métodos de gran publicidad para atemorizar a todos y mantenerlos sumisos.

Lapidación, palabra antigua que se ha puesto de moda, donde la piedra no puede ser muy grande para matar rápido, ni muy chica para que no dañe. Debe tener el tamaño ideal para que el sufrimiento sea largo y doloroso. Esta barbaridad debería ser titular en todos los periódicos, todos los días, hasta que esos países la erradiquen y puedan aspirar a tener un voto entre las naciones civilizadas.

Occidente los trata como a iguales y no lo son, ellos desean el pasado así como nosotros trabajamos para el futuro.

ANA


jueves, 6 de mayo de 2010

573 - RAHOLA - CONFERENCIA EN JERUSALÉN


¿POR QUÉ ARAFAT ES UN HÉROE Y SHARON UN MONSTRUO?

PILAR RAHOLA, CONFERENCIA EN JERUSALÉN

¿Por qué todo es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharón un monstruo?

Por PILAR RAHOLA

Pilar Rahola es una periodista y escritora española que ha causado revuelto en su país por su enconada defensa de Israel. Pero, como ella misma lo dice en el siguiente texto, no se trata de defender a un país solamente sino de enfrentarse a un pensamiento único en España que condena a priori a un “pequeño país que lucha por su supervivencia”.

Rahola escribe: “¿Por qué todo es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharón un monstruo?”

A continuación el texto de la conferencia ofrecida en el Global Forum for Combating Antisemitism que se celebró días atrás en Jerusalén.



PALABRAS DE PILAR RAHOLA:

Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme. Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “Todos ustedes se creen expertos en política internacional cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada”.

¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia? No. Son juristas; su terreno no es la geopolítica. Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porque Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina los cerebros del mundo. Y porque forma parte de lo políticamente correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra Israel. Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades. Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.
La primera pregunta, pues, es por qué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota.

El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas; no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo.

El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único pasa a ser sospechoso y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué? Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, sólo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza a un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharón un monstruo? En definitiva,
¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?
No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo, tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del anti israelismo. Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el anti israelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno.

Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel. Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros. Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mudo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca.

El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el Estado judío?

Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el anti americanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico. Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético. Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro.

A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de la izquierda, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierda, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad.

Esa traición histórica a la libertad se reproduce, en el momento actual, con precisión matemática. También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra Tzáhal, pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solamente lo hace si puede culpar a los israelíes. Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres.

Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel. Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: “¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no hay manifestaciones en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ¿Por qué la izquierda sólo está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del planeta, y las que han sufrido atentados más sangrantes: Estados Unidos e Israel?”.

Porque la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas. Ya no defiende derechos, sino prejuicios. Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: que la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de anti israelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso. Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización.

La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad. Derrota del periodismo.
Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado.
Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos.

Los periodistas actuales no necesitan mapas porque tienen Google Earth, no necesitan saber historia porque tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food.


Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido.
Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda.

Cualquier mass media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confundamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: “Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo”. O también en otra, más cínica, de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”. El Código Penal Romano. Y la Carta de Derechos Humanos. Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quien sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quien se aplican, y por ello no preocupan a millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa. La masa crítica social se ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido sustituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueísmo.

La ONU sólo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, o demagogos peligrosos como Hugo Chávez, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel.
También contra Israel, la ONU vive mejor.

Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media.

Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam.
Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el anti antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

En la encrucijada de estas derrotas, se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad.
Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los pogromos rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico.

Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre. Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del anti israelismo.

¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio. Dijo Benjamin Franklin: “Donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Este es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad.

FUENTE:
RADIO JAI-RAHOLA-CONFERENCIA-06/05/10

FUENTE: CAIV

COMENTARIO:

Una gran oradora que simplifica en una conferencia la complejidad de la realidad que hoy vivimos cuando parece que ya no hay nadie que se apunte en la lista para atacar a Israel. Ella defiende las razones de Israel como nadie, desenmascara y expone a la luz las miserias de quienes deberían ser capaces de separar la paja del trigo: los intelectuales, los artistas, la gente que parece que es capaz de pensar independientemente pero que cuando toma posiciones se ha vuelto irracional, pero que también es ignorante y también perversa. Que no sabe pero opina como si supiera, esos a quienes se los escucha con atención, que tienen prensa porque cantan bien, son bonitos y la gente cree que sus opiniones valen para interpretar la tragedia del pequeño estado que lucha por su supervivencia desde el día de su independencia. Esa gente que debería tener la responsabilidad que se les acredita a los intelectuales porque se supone que cuando opinan lo hacen basados en el estudio profundo de los temas y por eso se les cree. Esa izquierda que ha perdido el rumbo, que hace alianzas inexplicables porque supone que son buenos compañeros de ruta cuando en realidad ellos mismos serían los primeros en caer si triunfaran en sus propósitos. Esos que con tal de denostar al imperio moderno son capaces de ver a cualquiera: "alto, rubio y de ojos azules", para dar una imagen que todos entendemos.

Sin embargo, no es una novedad, es la misma izquierda que cerraba los ojos a los desmanes de Stalin y que le parece muy natural que Castro esté 50 años en el poder porque el pueblo no sabría elegir mejores líderes para continuar la "revolución" prometida. La misma para quien cada opositor político es en realidad un delincuente que merece la cárcel o un loco que debe ser hospitalizado para su propia protección. Todo para no reconocer que hay gente que todavía es capaz de arriesgarse a morir por ejercer el derecho de todo ser libre de gritar lo que piensa, aunque el precio sea tan alto.

Así es Pilar y nos expresa a quienes no tenemos voz.