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jueves, 13 de marzo de 2014

1260 - DECLARACIONES DE OBAMA




EL ORIENTE PRÓXIMO FANTÁSTICO DE OBAMA

Abbás rechazó la oferta de Israel de un Estado palestino en 2008

Por JEFF JACOBY

En el Oriente Próximo de Barack Obama la explicación de la tenaz ausencia de paz entre Israel y los palestinos está clara: es culpa de Bibi Netanyahu. El líder israelí haría mejor en "aprovechar la oportunidad" de rematar un acuerdo de paz con los palestinos.

"Una de las cosas que mi madre solía decirme… es que si hay algo que sabes que tienes que hacer, aun siendo difícil o desagradable, es mejor ponerse a hacerlo, porque esperar no ayuda", decía Obama en una entrevista publicada en Bloomberg en vísperas de la llegada de Netanyahu a Washington esta semana.

"No es una situación en la que se espera y el problema desaparece", advertía. El líder israelí haría mejor en "aprovechar la oportunidad" de rematar un acuerdo de paz con los palestinos, o prepararse para la dolorosa represalia global que Estados Unidos será incapaz de detener. Hay que dejar de construir asentamientos al otro lado de la Línea Verde y dar a los palestinos el Estado que exijan, o "nuestra capacidad de gestión a nivel internacional será limitada".

¿Le suena familiar? Demasiado. Este es el Oriente Próximo fantástico, en el que la paz es responsabilidad de los israelíes en exclusiva, y el rechazo de los palestinos a la existencia de Israel es simplemente la excusa del Estado judío para aplazar las cosas. Ello forma parte de un mundo fantástico mayor, un mundo en el que los revanchistas dictadores rusos edulcoran sus políticas al presionar el botón de "relanzamiento de relaciones", y en el que un régimen sirio brutal se zafa de los arsenales químicos por temor a vulnerar un "límite" estadounidense.

En este clima fantástico, hay un robusto bando palestino pacífico impaciente por la solución de los dos Estados: un Estado soberano de Palestina coexistiendo en armonía junto al Estado judío de Israel. Si esa embriagadora solución no se ha hecho realidad, sólo puede deberse a la terca discrepancia de los israelíes y de su líder electo. Después de todo, el líder palestino es el amante de la paz Mahmoud Abbás que, según Obama, "es muy sincero en su disposición a reconocer a Israel y su derecho a existir" y "está comprometido con la no violencia y los esfuerzos diplomáticos".

Pero eso sólo es cierto en el Oriente Próximo fantástico. En el Oriente Próximo real, es Netanyahu el que unilateralmente detuvo la construcción de asentamientos durante 10 meses -gesto sin precedentes- y cuyo gabinete indicó el mes pasado que se arriesgaría y aceptaría el marco de John Kerry para la negociación palestino israelí.

El verdadero Abbás, por su parte, rechazó la oferta de Israel de un Estado palestino en 2008, luego se negó durante años a participar en las conversaciones con Israel auspiciadas por Estados Unidos, seguro de que Washington presionaría a Israel a realizar dolorosas concesiones para persuadir a los palestinos de volver a la mesa. Esas concesiones incluyeron eventualmente la puesta en libertad de docenas de asesinos palestinos confesos, que fueron elogiados por Abbás como "héroes" en un acto celebrando su puesta en libertad. Pero en lugar de negociar de buena fe finalmente, Abbás exige todavía más concesiones de partida, exigencia que reiteraba el lunes.

El espejismo que ocupa el corazón del proceso de paz palestino israelí es que la ausencia de soberanía palestina es lo que mantiene abierto el conflicto, y que las tensiones y la violencia desaparecerían si los árabes de Palestina tuvieran un estado propio.

Nunca ha sido el caso. Lo que mueve el conflicto no es el deseo de independencia de los palestinos, sino el rechazo arraigado a la autodeterminación de los judíos. Los líderes árabes rechazaron con vehemencia la "solución de dos Estados" que en 1947 recomendaban las Naciones Unidas, y declararon "una guerra de exterminio que impidió su implantación.

Casi 70 años más tarde, los palestinos siguen rechazando reconocer a Israel como nación-Estado del pueblo judío, reconocer que los judíos tienen derecho a un Estado soberano en su patria nacional, igual que los irlandeses tienen derecho a una Irlanda independiente, los italianos a una Italia independiente y los japoneses a un Japón independiente.

Pero los líderes palestinos insisten acaloradamente aún así que ellos nunca van a acceder a nada parecido. "Esto está descartado", decía Abbás el mes pasado. El negociador de la Autoridad Palestina Saeb Erekat denuncia:

"Cuando se dice 'Aceptar a Israel como Estado judío', se me está pidiendo que cambie mi discurso".

Exacto. Ese discurso -que los judíos son extranjeros en Oriente Próximo y que la autodeterminación de los judíos en cualquier territorio es intolerable- es justamente lo que tiene que cambiar para resolverse este conflicto. Criticar a Netanyahu puede complacer al escalafón anti-Israel, pero no acercará en absoluto una paz justa y duradera.

FUENTE: AURORA-JACOBY-OBAMA-13/03/14

REFLEXIÓN:

Hay que tenerle mucha paciencia al presidente de un aliado de siempre como es Estados Unidos para Israel, y no poner el grito en el cielo cuando hace estas declaraciones. Deja un campo minado para cualquier intento de llegar a un acuerdo de paz porque la opinión pública, que no necesita mucho para ponerse en contra de Israel y a favor de los pobres palestinos, boicotee con mucha convicción a Israel.

Sus palabras aparecen en los medios y, aunque Israel explique en todos los foros la verdadera situación, se hace imposible llevar a una mesa de negociaciones a los palestinos. Si el Presidente de Estados Unidos dice esto, ellos creen tener razón. Si Estados Unidos presiona y Europa lo boicotea ¿cómo podrían atreverse a pensar que esto no es verdad? Es lógico que los palestinos crean lo que les conviene y el mundo entero, muy poco informado, los acompañen.

Entonces cualquier persona que quiera saber la verdad podría preguntarse:

¿Qué ofrecen los pàlestinos a cambio?

¿Qué derechos tienen para exigirlo todo?

Ellos no reconocen a Israel como estado del pueblo judío y repetidamente han dicho que no lo reconocerán, pero exigen SU estado.

¿Qué trato justo podría surgir sin resolver esto?

Pretenden el retorno dentro del Estado de Israel de todos los refugiados y su descendencia desde la creación del Estado, algo que desbarataría la identidad judía del Estado. Ellos atacaron y perdieron cuando el estado se creó, la historia no se puede reescribir. Los estados árabes que les pidieron que se retiraran porque iban a echar a los judíos y no querían bajas árabes deben hacerse cargo de ellos. Los árabes que quedaron dentro del estado son ciudadanos con plenos derechos. Los que se fueron son mantenidos como parias en todos los estados árabes, son indeseables, aún cuando fueron ellos los que los pusieron en esa situación.

Quieren a Jerusalén como capital del Estado Palestino pero cuando se apoderaron de parte de él, que estaba a cargo de un organismo internacional -y nadie hizo nada para impedirles que lo tomaran- hicieron desastres.

Jerualén es la Capital de Israel -lo quiera o no reconocer el mundo entero- y alberga a todos los credos, sin distinción, con un respeto que no tuvieron los árabes cuando lo gobernaron.

Esto son los tres puntos centrales de la discusión y nadie está dispuesto a ceder, pero lo peor de todo es que la desinformación venga de un presidente y que se manipule la verdad como si fuera Israel el que no quiere aprovechar la supuesta "oportunidad" y encima amenace con no poder hacer nada para ayudarlo.

¿A qué se deberá el empecinamiento de Obama por un acuerdo de paz -sin posibilidades hasta no resolver estos problemas- desinformando a la opinión pública?

ANA



lunes, 16 de agosto de 2010

651 - ¿HACIA DONDE VA ESTADOS UNIDOS?


¿UNA NACIÓN DE OVEJAS?


Los norteamericanos en general no se destacan por ser un pueblo muy politizado, quizá parte de ese resultado es porque ni siquiera están obligados a votar, entonces no se preocupan demasiado por el gobierno que tendrán, no pierden el tiempo en asumir esa responsabilidad. Esa es una ventaja muy grande para los que están muy interesados y sí se preocupan por elegir a conciencia a quienes serán sus representantes.

La prensa tiene mucha influencia y bien dirigida puede hacer milagros, como votar dos veces a Bush (H) y elegir a Obama como si sus antecedentes fueran los de un afroamericano, nacido, educado y con una relación íntima con la historia de los esclavos negros americanos, lo que era algo muy deseable para una nación que estaba ávida por lavar sus viejos pecados. En la realidad, él dice ser un ciudadano del mundo, lo que significa que no sabemos si representa a los norteamericanos, negros o blancos, o al mundo entero. Dice ser cristiano aunque durante los años más importantes de su formación fue criado en la religión del islam, lo que implica que quizá no conozca ni responda internamente a la religión mayoritaria judeo-cristiana del pueblo estadounidense. Finalmente, cree que una fácil y verdadera paz entre opuestos se logrará durante su mandato.

Nada menos.

Pero esto le viene muy bien a los internacionalistas que creen lo mismo que él, que Estados Unidos debe dejar de ser el gendarme del mundo, cosa con la que estoy muy de acuerdo, siempre y cuando no aparezca algún dictador que ponga en jaque a las naciones civilizadas. Sería bueno que alguien nos lo pudiera asegurar, mientras, prefiero que exista un Estados Unidos dispuesto a poner a sus soldados cuando los apaciguadores de este mundo -que los hubo y habrá- no se animen a enfrentar a los delirantes de hoy muy similares a los del pasado.

Y tiene buena prensa, la misma que comenta en este artículo
Jeff Jacoby, donde podrán hacer algunas deducciones sobre por qué los medios se escandalizaron y encarnizaron con Mel Gibson cuando borracho hizo declaraciones antisemitas y no le dio tanta importancia cuando hizo lo mismo Oliver Stone, con la diferencia que estaba sobrio, lo que es mucho más grave.

Se llama doble rasero, algo que el pueblo norteamericano todavía no se ha dado cuenta qué significa en términos políticos, cuando la prensa toma partido por el poder y que poco a poco está llevando a su país a donde nunca quiso estar.

ANA


Y AHORA ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

miércoles, 22 de julio de 2009

402 - OBAMA: JERUSALEM INDIVISA, CAPITAL DE ISRAEL


PRESIDENTE NEGRO EXIGE SEGREGACIÓN EN JERUSALEM

Por JEFF JACOBY



(TRADUCCIÓN LIBRE DE ANA)

La semana pasada, la administración Obama
exigió que el gobierno israelí termine con el desarrollo planificado de viviendas cerca del vecindario Sheikh Jarrah, en Jerusalem. El proyecto, un complejo de departamentos de 20 unidades es indiscutiblemente legal. La propiedad a desarrollarse -un ex-hotel- fue comprada en 1985, y la constructora ha obtenido todos los permisos municipales necesarios.

¿Por qué, entonces, la administración
quiere impedir la construcción? Porque Sheikh Jarrah está en una gran sección árabe de Jerusalem, y los constructores de los departamentos planificados son judíos. Piense sobre esto un momento. Seis meses después que Barack Obama se convirtiera en el primer hombre negro que se mudó a la previamente totalmente blanca instalación residencial, en la Avenida Pennsylvania 1600 en Washington, él está luchando para impedir la integración en Jerusalem.

Es imposible imaginar un escenario opuesto: La administración nunca exigiría a Israel que impidiera a árabes mudarse a un barrio judío. Y el Departamento de Justicia de Obama desataría siete formas del infierno sobre quienes trataran de imponer
discriminación racial, étnica o religiosa en una ciudad americana. En el siglo 21, la segregación es impensable, excepto, parece, cuando se trata de dar viviendas a los judíos en Jerusalem.

No es fácil para el gobierno de Israel rechazar cualquier exigencia de Estados Unidos, que es el mejor aliado del Estado de Israel. A su favor, los líderes israelíes
les dijeron la verdad al poder diciendo NO. "Los residentes de Jerusalem pueden comprar departamentos en cualquier lugar de la ciudad", dijo el Primer Ministro Benjamin Netanyahu el domingo. "Esta ha sido la política de todos los gobiernos israelíes. No hay ningún impedimento para que los árabes compren departamentos en la parte oeste de la ciudad, y no hay tampoco ninguno para que los judíos construyan o compren en el este de la ciudad. Esta es la política de una ciudad abierta."

Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando Jerusalem fue cualquier cosa menos una ciudad abierta. Durante la Guerra de la Independencia de 1948, la Legión Árabe jordana invadió la parte este de Jerusalem, ocupó la Ciudad Vieja y
expulsó a todos sus judíos, muchos de familias que habían vivido en la ciudad durante siglos. "Cuando ellos se fueron", escribió más tarde el aclamado historiador Sir Martin Gilbert en su libro de 1998, Jerusalem en el Siglo Veinte, "ellos podían ver columnas de humo elevándose desde el barrio situado detrás de ellos. Se había prendido fuego al local de asistencia social de Hadassah y ... el saqueo y quema de propiedad judía estaba en plena marcha."

En los siguientes 19 años, los judíos no podían entrar a Jerusalem este, brutalmente dividida de la parte oeste de la ciudad con alambre de púas y fortificaciones militares. Docenas de lugares sagrados judíos, incluyendo sinagogas de cientos de años de antigüedad
fueron profanadas o destruidas. Lápidas del antiguo cementerio del Monte de los Olivos fueron arrancadas de raíz por el ejército jordano y usadas como piso de letrinas. El santuario más sagrado de Jerusalem, el Muro de los Lamentos, se convirtió en un conventillo. No fue hasta 1967, después que Jordania fue derrotada de forma aplastante en la Guerra de los Seis Días, que Jerusalem fue reunificada bajo la soberanía israelí y la libertad religiosa fue restaurada para todos. Desde entonces los israelíes prometieron que Jerusalem nunca más sería dividida.

Y no sólo los israelíes. La política de Estados Unidos, diseñada en el
Acta 1995 de la Embajada de Jerusalem, reconoce a Jerusalem "como una ciudad unificada administrada por Israel" y formalmente declara que "Jerusalem debe quedar como una ciudad indivisa". Presidentes estadounidenses, tanto republicanos como demócratas, lo han acordado. En palabras del ex-presidente President Clinton, "Jerusalem debe ser una ciudad abierta e indivisa, con libertad de acceso y culto asegurados para todos."

Como candidato presidencial, Barack Obama dijo mucho de lo mismo. En un
cuestionario de candidatos 2008 que preguntaba sobre "el probable status final de Jerusalem", Obama contestó: "Estados Unidos no puede dictar los términos de un acuerdo de status final... Jerusalem quedará como Capital de Israel, y nadie debería querer o esperar a que sea redividida." En un discurso para AIPAC, (American Israel Public Affairs) él repitió el punto: "Permítanme ser claro ... Jerusalem quedará como Capital de Israel, y deberá permanecer indivisa."

Los palestinos irredentistas claman que Jerusalem este es históricamente territorio árabe y debería ser capital de un futuro estado palestino. En realidad, siempre vivieron judíos en Jerusalem este, es el lugar de la Ciudad Vieja y de su famoso barrio judío, después de todo, sin mencionar la
Universidad Hebrea, que fue fundada en 1918. El complejo de departamentos al que se opone Obama se levantará en lo que alguna vez fue Shimon Hatzadik, un vecindario judío establecido en 1891. Sólo desde 1948 a 1967 -durante la ocupación jordana- la parte este de la capital de Israel fue "territorio árabe". Los palestinos no tienen más reclamo de soberanía que el que podría tener Rusia por la anteriormente ocupada Berlín este.

El gran obstáculo para la paz en Medio Oriente no es que los judíos insistan en vivir entre los árabes. Es que los árabes insisten en que los judíos no vivan entre ellos. Si Obama todavía no lo entendió, es que tiene mucho que aprender.

FUENTE: JWR - 22/07/09 -

COMENTARIO:

Ya se sabe que los políticos prometen en sus campañas electorales todo lo que van a hacer y después hacen lo que pueden. Muchas veces lo opuesto a lo que pensaban. Pero esto se trata de otra cosa, se trata de conceptos, o bien Obama lo tenía claro entonces y no lo cumple ahora o no lo sabía y sólo fue un argumento de campaña.

En cualquiera de los dos casos, lo que aparentemente sigue desconociendo el presidente de Estados Unidos es que mágicamente ha encontrado el único tema sobre el que todos los israelíes y también los judíos de la diáspora están de acuerdo, nadie aceptará que Jerusalem sea dividida.

Duele saber qué hicieron los jordanos con las lápidas, en oposición, Israel respeta todas las religiones y protege sus antiguos sitios sagrados que sus fieles son libres de visitar sin ningún impedimento.

A siete meses de haber asumido la presidencia se puede esperar que se equivoque, está en los israelíes y su gobierno impedir que los errores que puede cometer sean demasiado grandes. Insistir sobre este tema sería un error mayúsculo de consecuencias imprevisibles, como lograr que todo el pueblo judío esté de acuerdo aunque sea sobre un solo tema, un verdadero milagro. Y que actúe en consecuencia.

jueves, 21 de mayo de 2009

356 - ¿QUÉ QUIEREN LOS ÁRABES PALESTINOS?


UNA PAZ DE DOS ESTADOS NO ES EL OBJETIVO ÁRABE

Por JEFF JACOBY (*)


MUSULMANES - ISLAM - SUMISIÓN

TRADUCCIÓN LIBRE DE ANA)

¿QuIén está a favor de dos estados para el conflicto árabe-israelí?

Seguro que el Presidente Obama, como lo dejó en claro al dar la bienvenida a la Casa Banca al Primer Ministro Benjamin Netanyahu, el lunes. Así lo hizo el Presidente George W. Bush cuando abogó por un estado palestino en el 2002, lo que mantuvo hasta sus últimos días en el cargo.

La plataforma nacional del Partido Demócrata respalda una solución de dos estados y también la apoya la plataforma republicana.

El Consejo de Seguridad de la ONU, por unanimidad, también reafirmó su apoyo hace unos días.

La Unión Europea también está firmemente a su favor, tan firmemente, que el jefe de política exterior de la UE, Javier Solana, alertó a Israel que sus relaciones con Europa "serán muy, muy diferentes" si Israel deja caer la propuesta de los dos estados.

El Papa Benedicto XVI pidió por un estado palestino durante su reciente visita a Tierra Santa, alineándose -por lo menos en este asunto- con los editoriales de The New York Times, The Boston Globe, The Washington Post y The Los Angeles Times. Y, en ese sentido, como lo hizo la mayoría de los israelíes. Una nueva encuesta muestra que el 58 por ciento del público israelí respalda una solución de dos estados, incluidos tres prominentes simpatizantes que precedieron a Netanyahu -los ex primeros ministros Ehud Olmert, Ariel Sharon y Ehud Barak- así como el Presidente Shimon Peres.

Parecería que el consenso es abrumador. Como Henri Guaino, un consejero senior del Presidente Nicolas Sarkozy, que expresó en su declaración a los periodistas el domingo: "Todos quieren paz. El mundo entero quiere un estado palestino."

Pero no va a suceder.

Con consenso internacional o no, la solución de dos estados es una quimera. La paz no se logrará mediante la concesión de soberanía a los palestinos, porque ella nunca ha sido el objetivo de los árabes. Una y otra vez se ha propuesto una solución de dos estados. Una y otra vez los árabes la rechazaron.

En 1936, cuando Palestina aún estaba bajo el gobierno de los británicos, una comisión real encabezada por Lord Peel fue enviada a investigar el constante empeoramiento de la violencia árabe.

Después de una detallada investigación la Comisión Peel concluyó que "un irreprimible conflicto ha surgido entre dos comunidades nacionales dentro de los estrechos límites de un pequeño país." Se recomendó una solución de dos estados, una partición del territorio en dos estados separados, uno árabe y uno judío. "La partición ofrece una última oportunidad para la paz", informó la comisión. "Ningún otro plan puede ofrecerla".

Pero los dirigentes árabes, más interesados en impedir una soberanía judía en Palestina que en lograr un estado para ellos, rechazaron el Plan de Peel sin siquiera pensarlo.

El principal líder palestino, Haj Amin al-Husseini, apoyó activamente el régimen nazi en Alemania. A cambio; Husseini escribió en sus memorias, que Hitler le prometió "manos libres para erradicar hasta el último judío de Palestina y del mundo árabe".

En 1947, se les volvió a presentar a los palestinos una propuesta de dos estados. Otra vez la desdeñaron. Lo mismo que la Comisión Peel, la ONU llegó a la conclusión que sólo la división del territorio en dos estados adyacentes, uno árabe y otro judío, podría poner fin al conflicto. El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de la ONU debatió -y por una votación de 33 a 13- aprobó la Resolución 181, dividiendo a Palestina sobre la base de su población. Si los árabes hubieran aceptado la decisión de la ONU, un estado palestino que "todo el mundo desea" tendría hoy 61 años. En cambio, la Liga Árabe se comprometió a bloquear la soberanía judía con "una guerra de exterminio y una masacre trascendental".

Una y otra vez este modelo se ha repetido. Tras su impresionante victoria en la Guerra de los Seis Días, Israel ofreció intercambiar la tierra que había ganado por una paz permanente con sus vecinos. Desde su cumbre de Khartum llegó la notable respuesta árabe: "Ninguna paz con Israel, ninguna negociación con Israel, ningún reconocimiento de Israel."

En el 2000, en Camp David, Ehud Barak ofreció a los palestinos prácticamente todo lo que decían que estaban buscando, un estado soberano con su capital en Jerusalén Este, 97 por ciento de Cisjordania, la Franja de Gaza y decenas de miles de millones de dólares en "compensación" por la difícil situación de los refugiados palestinos. Yasser Arafat rechazó la oferta e inició la más sangrienta ola de terrorismo en la historia de Israel.

Hasta la fecha, los documentos originales de Hamás y Fatah, las dos principales facciones palestinas, piden por el aniquilamiento de Israel. "Todo el mundo" puede querer la paz y un estado palestino, pero los palestinos quieren algo muy diferente. Hasta que eso no cambie, no hay una solución de dos Estados.

(*) Jeff Jacoby es columnista del Boston Globe.

FUENTE: JWR/BOSTON GLOBE

COMENTARIO:

Esta breve reseña de todas las oportunidades en que se ofreció un estado a los árabes palestinos, nos permite reflexionar por qué se sigue fracasando en concretar ese objetivo.

Y me parece que si fuéramos capaces de ver el conflicto, no entre dos pueblos, sino entre una ideología que pretende imponer su religión al mundo y un pueblo que ya tiene la suya y que no está dispuesto a ser echado ni sometido, nos sería más fácil comprenderlo. Si así fuera, "TODO EL MUNDO" que clama por un estado palestino vería el problema de una forma completamente diferente.

Porque lo que está ocurriendo en esa región no es ni más ni menos que lo que sucederá a corto plazo en "TODO EL MUNDO".

Este conflicto nunca debió existir. Ocurrió porque Israel se construyó sobre un territorio largamente gobernado por un Imperio, un territorio que se dividió en varios países, todos árabes musulmanes que aceptaron encantados, menos ese pequeñísimo sector que fue ocupado por sus antiguos dueños que no eran ni árabes y por supuesto tampoco musulmanes. Por eso el conflicto no se resolvió y dudo mucho que durante muchísimo tiempo pueda solucionarse en paz.

Si "TODO EL MUNDO" mirara la situación de esta forma comprendería mucho mejor lo que está ocurriendo.

Porque los musulmanes no se adaptan a otras culturas ni se reservan su religión para sí, sino que tratan de imponer su cultura y su religión donde quiera que vayan. El islam no es sólo una religión, es una ideología política que seguirá avanzando en tanto no sea detenida por quienes no desean someterse a ese dios de los musulmanes. Y el cristianismo, cualquier otra religión, agnósticos y ateos tendrán que ENFRENTARLO si quieren ser libres de elegir la vida que más les plazca.

¿Cómo es posible que alguien elija vivir sometido? Sólo una religión puede lograrlo, y esa es el islam, pero no las otras donde el individuo tiene la libertad de elegir como vivirla a su manera. En el islam todo está pautado y los fanáticos no permiten otra cosa, eso es lo que pretenden imponerle a "TODO EL MUNDO".

Y "TODO EL MUNDO" puede ignorar esto pero no sus gobiernos que con toda seguridad tienen los expertos que los asesoran. Entonces se puede disculpar al ignorante, pero no a los estados que pretenden que sea Israel el primero en someterse al acoso de una población que no quiere paz, quiere dominar la región a cualquier precio y nunca aceptará a Israel. No lo ocultan, lo dicen claramente, no reconocen a Israel como un estado judío, no quieren un acuerdo de paz, quieren una TREGUA para fortalecerse y atacar después. Y si los gobiernos no lo quieren ver es porque los están apaciguando a costa de la primera víctima de esa ideología.

Recomiendo que miren este video subtitulado en castellano, eso es lo que ocurrirá si el islam no se aggiorna a una cultura de respeto al otro. Si los musulmanes quieren vivir su cultura en sus países nadie tiene que imponerles un cambio, él vendrá inexorablemente, mientras, Israel se defenderá como pueda y "TODO EL MUNDO" debe aprender de qué se trata antes de reclamar un imposible y callarse la boca hasta que sepan de qué se trata.

ANA

FUENTE: YOU TUBE . Muslim demographics (spanish)


miércoles, 20 de febrero de 2008

45. DEMOCRACIA EN OCCIDENTE


LA IRRELEVANCIA DEL COLOR DE OBAMA

Por JEFF JACOBY (*)

Acerca del Mes de Historia Negra, coincido con Morgan Freeman, que hace tantos años lo describía como "ridículo", por el excelente motivo de que "la historia negra es historia americana", no algún anexo segregado de ella. La única manera de superar las divisiones raciales, decía a Mike Wallace, de 60 Minutos, es "dejar de hablar de ello. Yo dejaré de llamarle a usted blanco, y voy a pedirle que deje de llamarme negro".

Amén en eso. Cuanto antes decidamos prescindir de las etiquetas "negro" y "blanco", antes nos encontraremos en una sociedad en la que tales clasificaciones raciales son irrelevantes. Y qué mejor momento para tomar tal decisión que este, cuando americanos blancos están demostrando por millones que el color de piel de una persona ya no es un impedimento para nada en este país, ni siquiera la presidencia.

Independientemente de si la apuesta de Barack Obama por la Casa Blanca tiene éxito finalmente, ya ha demolido la sentencia de que América no va a elegir a un presidente negro. Su impresionante victoria sobre Hillary Clinton en los comités de Iowa podría quizá desecharse como una minucia, pero después del Súper Martes ya no queda mucho que discutir. Obama se llevaba 13 estados la semana pasada, y
contra más blanco que era el estado, más imponente fue su victoria.

Ganó en Utah con el 57% de los votos. Dakota del Norte con el 61%. Kansas, 74%. Alaska: 75%. Idaho, el presunto reducto de los supremacistas militantes blancos,
elegía a Obama antes que a Clinton por un margen del 80% frente al 17%.

Lejos de ser un obstáculo fatal en su contra, el color de Obama es manifiestamente una ventaja política. No solamente porque los electores negros le votan con entusiasmo, sino porque decenas de millones de electores blancos también lo hacen. Incontables americanos simplemente disfrutan de la oportunidad de demostrar a través de su voto que no están marcados por prejuicios raciales.
"Confieso que planeo mostrarme conmovido" ha escrito el editor de estilo de The New Republic, Leon Wieseltier, "el día que vote a un negro para la presidencia de este manchado y revuelto país".

No son solamente los progresistas y los Demócratas los que encuentran atractivo a Obama. Entre sus partidarios se encuentra
Jeffrey Hart , el antiguo redactor de discursos de Richard Nixon y Ronald Reagan. Peter Wehner, ex ayudante del Presidente Bush, escribe en el Washington Post que Obama es "una figura atractiva para muchos Republicanos" porque, entre otras cosas, su campaña no se basa en agravios raciales. Cita a Joe Scarborough, de la MSNBC y congresista Republicano de un solo mandato que se ha visto inundado con los correos procedentes de Republicanos que elogian los discursos de Obama. "Más que ninguna otra figura de América, Obama", sugiere Wehner, "puede ayudar a cicatrizar las heridas raciales de América".

Obama es infinitamente preferible a candidatos negros anteriores como Jesse Jackson o Al Sharpton, activistas raciales profesionales cuya divisa es la explotación de la victimología negra y la culpa blanca. En calidad de primer candidato presidencial negro con posibilidades realistas de ganar la Casa Blanca, Obama está atrayendo comprensiblemente niveles récord de apoyo negro. Pero lo que hace tan plausible su candidatura es precisamente su atractivo para los blancos, un atractivo que se esfumaría si Obama hiciera de la identidad racial que el eje de su campaña. Esta es la interesante paradoja en el centro de una campaña que con tanta frecuencia se describe como "
trascendente" o "que va más allá" de la raza.

Pero la verdadera trascendencia racial no se logra cuando la raza de un candidato negro no es ningún obstáculo para su elección, sino cuando ni siquiera es un punto de su elección. Cuando el estándar de Morgan Freeman se convierta en la norma -- solamente cuando ya no haya más candidatos "negros" ni candidatos "blancos" porque todos los americanos serán indiferentes a tales etiquetas -- nuestra política habrá superado realmente la raza.

¿
Es el ideal de indiferencia a la raza tan sólo un sueño? No necesariamente.

Hubo un tiempo en la historia de los Estados Unidos en que los prejuicios anti-italianos eran tan intensos que la perspectiva de un presidente ítaloamericano habría sido impensable. Cuando 11 inmigrantes italianos eran linchados en Nueva Orleans en 1891, el New York Times describía a las víctimas como
"
sicilianos escurridizos y cobardes descendientes de bandidos y asesinos... una plaga sin solución". Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de ítaloamericanos fueron expulsados de sus casas, y cientos de inmigrantes fueron internados en campamentos militares.

Pero se prestó escasa atención, por decir alguna, a la etnia de Rudy Giuliani durante su reciente campaña a presidente. Nadie achacó al racismo anti-italianos que su esfuerzo quedase en agua de borrajas. A todos los efectos y fines, su ascendencia italiana simplemente no fue un punto de la agenda.

El color de la piel de Obama es irrelevante para los rasgos de su carácter o su aptitud para el cargo. Eso no significa que su importancia para su campaña también sea nula. No, no hemos llegado a ese punto aún.
Pero hasta que lleguemos, haremos bien en recordar que no hay camino más rápido a una sociedad en la que la raza no importe que dejar de hablar y actuar como si importase.

(*) Jeff Jacoby es columnista de The Boston Globe.

FUENTE:
EL DIARIO EXTERIOR - 20/02/08

COMENTARIO:

Miro este acontecimiento con admiración, no importa quién sea nuestro candidato preferido, pero nos deslumbra porque apenas 50 años atrás la gente de color debía ceder su asiento a un blanco y sólo podía ocupar los últimos lugares de un transporte público. Imaginarlo o verlo en una película producía una rebelión interna, algo muy difícil de dejar de sentir. Recuerdo cuando yo era muy chica y veía las películas de Tarzán donde los negros morían a montones, aunque no tenían nada que ver con las tropelías de los blancos, y los blancos "malos", iban presos, ELLOS NUNCA MORÍAN! En ese entonces para mí había "algo" que no "andaba", no lo podía entender, con el tiempo pude comprender de qué se trata la discriminación, cómo se la enseña subliminalmente, ¡la vida de un negro no tenía valor!

Que antes ganara Kennedy, un católico, fue el primer avance, pero que ahora un negro, una mujer y un descendiente italiano sean candidatos, es decir, ni credo, ni raza, ni género están siendo tenidos en cuenta para elegir a un candidato, significa que el tiempo en Occidente no pasa en vano . Y así debe ser, el que se queda atrapado en el pasado, ¿para que vivió? Algo que Medio Oriente todavía no ha podido comprender ni superar...