viernes, 9 de enero de 2015

1429 - "CHARLIE HEBDO" Y SUS VALIENTES ARTISTAS



LA FATWA

Por IGNACIO CAMACHO

Los dibujantes de «Charlie Hebdo» son hoy el símbolo de una civilización amenazada. Mártires de la libertad.

Hay una guerra y la podemos perder porque nosotros dudamos y ellos no. Nosotros y ellos, sí. Nosotros: los europeos, los occidentales, los partidarios –religiosos o laicos– de organizarnos en democracia y vivir en libertad. Ellos: los integristas islámicos, los fanáticos del Corán y su yihad que crecen y se multiplican en las sociedades libres aprovechando su flexibilidad multicultural. Ellos no dudan, no tienen mala conciencia, no ofrecen fisuras en su designio de combate y exterminio contra el infiel. Nosotros sentimos complejo de culpa, remordimientos por nuestro modelo de vida, tormentos relativistas sobre nuestra superioridad moral. Ellos hacen la guerra por todos los medios y nosotros nos negamos a admitir siquiera que la guerra existe. Ellos atacan y nosotros no nos defendemos. Ellos nos odian a nosotros y nosotros… a menudo nos odiamos a nosotros mismos.

No ganaremos esa guerra en primer lugar hasta que no la aceptemos como desafío, y en segundo hasta que perdamos el complejo de culpa por proteger la libertad. Hasta que entendamos que el problema no es de los defectos de nuestra civilización sino de quienes viviendo en ella se niegan a integrarse en sus valores de respeto y convivencia. No ganaremos mientras no nos sintamos seguros de nuestro orden ético y político. No ganaremos mientras no identifiquemos a los enemigos como tales. No ganaremos mientras no dejemos de titubear.

Cuando cayeron las Torres Gemelas, muchos de entre nosotros pensaron y dijeron que en el fondo era más o menos culpa nuestra. Desde entonces han caído otras torres simbólicas: en el metro de Londres, en los trenes de Atocha, en Canadá, en el Cairo, en Siria, en Irak. Y ayer en París y mañana quién sabe dónde. Y una parte significativa de la opinión pública occidental sigue pensando, por buenismo o por corrección política, que esas tragedias son el fruto de nuestros errores y que somos nosotros quienes debemos cambiar. Y todavía en Europa domina la idea de que es un problema más grave la islamofobia que el islamismo. Y cuando la barbarie medieval enseña con feroz orgullo las cabezas recién cortadas nos preguntamos en qué nos estamos equivocando y qué hemos hecho mal. Pues es sencillo: nos hemos equivocado al no entender que vienen a por nosotros y que nos tenemos que defender.

Los dibujantes de «Charlie Hebdo», un grupo de estrafalarios izquierdistas y de ácratas iconoclastas, son hoy el símbolo involuntario de una civilización amenazada. De la Atenas del siglo XXI. Ellos se rebelaron contra el silencio siniestro de la fatwa en nombre de los principios democráticos y lo han pagado con su vida; son los mártires del espacio sagrado de la libertad y la memoria de su coraje es la garantía de nuestro futuro. Enmudecerla, esconderla o relativizarla por miedo es una ignominia pero tiene sentido. Lo que carece de nombre es hacerlo por pura imbecilidad.

FUENTE: ABC.ES-FATWA-CAMACHO-09/01/15

REFLEXIÓN:

La primera fatwa de nuestra época en Occidente fue decretada por Khomeini cuando se publicó el libro "Versos Satánicos", de Salman Rushdie, quien al conocer que su vida estaba en peligro se escondió. Aunque aparentemente ella fue posteriormente levantada por otros, al morir Khomeini la fatwa -según la ley musulmana- sigue en pie y Rushdie se cuida.

La particularidad del caso de los artistas de la revista satírica "Charlie" es que sabían que estaban amenazados pero tuvieron el coraje de ATREVERSE a seguir publicando sus dibujos, a pesar de que la amenaza era real y factible de ser llevada a cabo en un país donde hay más de siete millones de musulmanes.

Son incontables los casos de individuos con alguna o ninguna prensa que se atreven a ser libres y disentir en países donde esa osadía se paga con la cárcel, castigos o directamente con la muerte. Y son muchos. El derecho a ser libre, a sentirse libre, a actuar con libertad en su profesión o en su vida privada es tan viejo como la historia del hombre. No todos se atreven y esos no cambian la historia, la historia cambia por los que se atreven.

Y es posible que estos sucesos cambien la historia de los musulmanes de Europa, que bien lo necesita. Porque no es posible que la amenaza de muerte impida que algunos individuos hagan lo que en sus países no está penado porque eso está castigado por la religión o cultura de otros países. Es inadmisible.

Sin duda que estos artistas tuvieron un coraje extraordinario, confiaron que estarían protegidos y corrieron el riesgo de seguir publicando lo que los hacía sentirse libres, con sentido del humor y sin obedecer a los mandatos de una religión e ideología que dice que con ella no se juega.

Estos dibujantes caricaturistas son verdaderos héroes, son los que han puesto un punto final a las exigencias de los musulmanes fanáticos que consiguen que por miedo todo les sea concedido. Comidas especiales, ocupar las calles ilegalmente, el sonoro llamado a la oración del muecín cinco veces al día, vestimenta que oculta la identidad, en fin, particularidades de una cultura y religión que no tiene por qué ser impuesta fuera de los países musulmanes.

En las cárceles estadounidenses tienen tantas ventajas que los presos se convierten al islam sólo para gozar de ellas y cuando salen de prisión dejan de serlo. Si no se contrata a un musulmán hacen juicios por discriminación inclusive cuando no son, por razones religiosas, aptos para el trabajo. Por ejemplo, casas de comidas donde se manipula cerdo o alcohol. Es increíble lo que han conseguido con nuestras leyes y el miedo a una represalia o a un juicio que muchos no pueden afrontar. Inclusive cuando no hay reciprocidad con nuestras leyes en países musulmanes donde los "infieles" son perseguidos y sus iglesias destrozadas.

Lo más destacable ha sido la reacción de los franceses, no hay odio generalizado, hay racionalidad, así como hay carteles que dicen "Yo soy Charlie", también los hay que dicen "Yo soy Ahmed", una forma  civilizada de reaccionar ante la criminalidad de estos asesinatos. No todo musulmán es un asesino, ni todo francés está dispuesto a perder su capacidad de reaccionar civilizadamente.

Me parece que eso nos enseña a todos que los primeros que pierden con estos actos propios de bárbaros son los mismos musulmanes que fueron a buscar en Europa la libertad y futuro que no tenían en sus países de origen y que no merecen estar todos en la misma bolsa. Ellos pueden ser ahora víctimas de inmerecida islamofobia, cuando uno de los criminales declaró que todos pertenecían a Al-Qaeda. ¿Que tienen que ver el resto de los musulmanes europeos? Un llamado de atención es el silencio en el que ese resto se acoge, un importante silencio. Y me refiero no a sus líderes, que prontamente condenaron los atentados, sino a la gente. Ellos también tiene miedo.

De todas formas es hora que los musulmanes se integren a Occidente o vuelvan a sus países que quizá nunca debieron abandonar si no podían integrarse a otra cultura. Sus descendientes no conocen la verdad de los países de sus ancestros, quizá no soportarían esa vida, esa cultura de la que huyeron sus antepasados.

Pero se debe comenzar por algo y lo importante es no ceder ante las exigencias de una población que si quiere vivir su cultura tiene el derecho de irse, nadie se lo impedirá, pero si se queda debe abandonar muchas costumbres que en Occidente son directamente ilegales. Deben cumplir con la ley del país que los cobija, "su" país, pero con sus leyes. O abandonarlo.

Ese es el error de Occidente, haber cedido ante las amenazas de represalias, haber desestimado su derecho a hacer cumplir sus leyes. Cuando se dice que esto que ocurrió es un crimen "pero" esgrimen cualquier argumento que no tenga a sus leyes como una obligación de sus ciudadanos, se las está ignorando. Un crimen según la ley de Occidente es un crimen y nada lo atenúa. Puede que no lo sea en países árabes donde la ley no lo pena, pero esa es otra cuestión.

Hay más de siete millones de musulmanes nacidos en Francia, es hora que se decidan a ser franceses y adaptarse a sus leyes o elegir vivir en los países donde su cultura está por encima de la de su lugar de nacimiento.

Estos hombres que se sacrificaron por su derecho a describir su visión del islamismo fanático con humor, merecen haber dado el primer paso para un cambio de actitud o su cultura finalmente desaparecerá, no por otra mejor, sin duda.

ANA

¡BÁRBAROS!

INFOBAE - Jueves 08 de enero 2015

Mil latigazos y 10 años de prisión: la condena de Arabia Saudita a un bloguero por "insultar al islam"

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario